La selección de textos se precipita en una suerte de libro desplegable para sentarse. Un libro compuesto por 68 páginas fresadas sobre madera de abedul que, en lugar de encuadernarse, se despliega sobre el perímetro de la sala mediante una serie de estructuras inspiradas en las sillas plegables tradicionales. Cada una de ellas contiene un fragmento de poesía, tratadística o pensamiento botánico andalusí, transformando la lectura en una experiencia corporal y colectiva. El conjunto convierte el espacio en una biblioteca expandida donde los textos dejan de ocupar estanterías para integrarse en la arquitectura y acompañar la estancia de los visitantes.
La disposición perimetral de las piezas permite además sustituir las aproximadamente cincuenta sillas fijas existentes por sesenta y ocho asientos móviles capaces de reorganizarse según las necesidades de cada actividad. Conferencias, encuentros, talleres o visitas comentadas pueden así reconfigurar el espacio sin alterar la integridad del dispositivo expositivo, convirtiendo el mobiliario en una infraestructura flexible para el uso cotidiano de la sala.
Las estructuras han evolucionado a partir de la tipología tradicional de silla plegable para responder a las singularidades del lugar. Su altura se ha ajustado para dialogar con la presencia de la tarima existente y, al mismo tiempo, ocultar visualmente la barandilla metálica contemporánea situada tras ellas. Esta misma barandilla se reutiliza como sistema de fijación mediante pequeños imanes de neodimio integrados discretamente en cada pieza, evitando perforaciones o transformaciones irreversibles sobre el edificio histórico.
Tras las sillas siempre aparece la luz. En algunos puntos procede de la iluminación de la propia muralla y de la puerta taifa; en otros, de una línea continua de LED oculta bajo el angular que recorre el perímetro de la sala. Aprovechando esta condición, los textos han sido fresados sobre la superficie de la madera para que la luz emerja a través de las palabras. La operación establece un diálogo con una larga tradición intelectual islámica en la que escritura y luminosidad aparecen estrechamente vinculadas. Numerosos autores identificaron el conocimiento con una forma de iluminación interior, mientras que la propia caligrafía fue entendida como una manifestación visible de la palabra, capaz de hacer presente aquello que nombra. Al atravesar las letras, la luz transforma los textos en una materia casi inmaterial, suspendida entre la presencia física de la madera y la dimensión simbólica del conocimiento que contienen.
Para la fabricación del dispositivo se han empleado paneles de contrachapado de abedul finlandés procedentes de bosques gestionados de forma sostenible, en espesores de 18 y 9 mm. Se trata de un material ligero, resistente, fácilmente mecanizable y con una huella ambiental relativamente reducida. El volumen de madera incorporado a la instalación almacena aproximadamente 1,2 toneladas de CO₂ biogénico fijado durante el crecimiento de los árboles, reteniendo carbono atmosférico en un elemento de uso prolongado.
Los cálculos de huella de carbono asociados a la extracción de materias primas, fabricación de los paneles, transporte, mecanizado local y montaje final se estiman entre 700 y 800 kg de CO₂ equivalente, una cifra contenida para una intervención de estas características. En términos comparativos, esta cantidad equivale aproximadamente al carbono que podrían absorber los naranjos del Patio de Banderas en un año, estableciendo una relación directa entre el impacto material de la intervención y la capacidad regenerativa del paisaje histórico que la rodea. La instalación se concibe así no solo como soporte de una memoria cultural y botánica, sino también como un ejercicio de responsabilidad material y ambiental.
Powered by